Volverá la primavera

El letargo ha tomado la ciudad, el miedo y la desesperanza se camuflan hoy en la gente y estos no son más que los sentimientos latentes estos días de cuarentena, con una Cuaresma que se apaga en las calles, pero que sigue presente en los hogares, en una primavera que acaba de empezar y que ya es una “primavera perdida”. 

Sevilla vive una hibernación, un impasse que Morfeo ha querido dormir, donde su gente, hace sonar desde los balcones, los sonidos de las añoranzas que tendremos todos este año, suena la voz de un sevillano pregonando a la Semana Santa de Sevilla, el Pali cantando a una feria de abril que se pierde, mientras el azahar se apaga y las túnicas vuelven enojadas a los armarios, pero la ciudad de la Esperanza, sabe que esto no es más que un bache del cual saldrá más victoriosa, la “Muy noble, heroica, leal, INVICTA y Mariana ciudad de Sevilla”. 

Sevilla sabe, Sevilla lo sabe, que volverá la primavera y sabe que va hacer del otoño sus noches de farolillos, sabe que su Semana más Santa se ha esfumado este año sin ver una nube gris en el cielo, pero sabrá celebrarla alrededor de una estampa iluminada por una vela en familia, que recoge la fe y el sentimiento de una ciudad que le pide a la de los ojos grandes. Volverán las velas a iluminar una noche de Martes Santo en la plaza de San Lorenzo, volverá el ruan y volverá el esparto, volverá el incienso y la bulla, volverá el Señor a la calle y volverá ella, volverá la que define a la perfección lo que es Sevilla, porque con ella, volverá el alboroto a Parras y volverán las plumas y las corazas de las legiones de Pilatos, volverá la Esperanza y rebosará las calles de Sevilla. Y como no, volverá el culto a las iglesias y volverán las reuniones de amigos a la puerta de las tabernas, haciendo de estas, sus templos más personales, donde el oro que se bebe nos alegrará las noches, recordando cómo fue aquella primavera en la que Sevilla se durmió. 

Tardes de café en alguna esquina de la Alameda, noches de caracoles por los callejones de la Alfalfa, guitarras por el Salvador y paseos por la vega del río, en una primavera loca, estúpida, absurda, que se pierde, que se esfuma y que acaba de empezar, pero que coge carrerilla y que se arroja para volverse a vestir de albero un Domingo de Resurrección,  ya que Sevilla no es un toro manso, Sevilla es un Miura, que no da la batalla por perdida y que sabrá hacer del otoño su primavera, porque es la torre más fuerte, por lo que no lo dudéis que a Sevilla volverá la Primavera.